Eran las 16:30 de la tarde del mes de Mayo del 2012, otro día más de curro vendiendo seguros puerta a puerta. Es lo que hay, lo sé , mi trabajo es una puta mierda, pero es lo que me da de comer. Necesito poco, tengo el piso acabado y ninguna carga, sólo algunas facturas y algunos vicios inconfesables.

El calor era sofocante, parecía que el verano ya estaba en ciernes, la corbata no me dejaba respirar bien, pero había que aguantar el tipo. Me jugaba toda la semana en esa tarde, no había vendido nada y los objetivos había que cumplirlos. No es que sea muy bueno en mi trabajo, soy del montón, como siempre en todos los aspectos de mi vida, un eterno mediocre. Un ser sin muchos amigos, por no decir ninguno, al menos amigos de verdad, estudios medios, saque la carrera de administrativo, lo que estudiaba todo el mundo, con cincos pelados, un auténtico mediocre, uno del montón. Cumplía a duras penas los objetivos y hasta la fecha no me habían despedido. Creo que soy el único gilipollas que aguanta tanto tiempo haciendo esta mierda de trabajo.

Allí estaba yo llamando al timbre de una casa a puerta fría. Esos segundos hasta que te abren la puerta son muy intenseos. A todo el mundo aconsejaría que trabajase al menos durante unos dias yendo puerta a puerta. Se excuchan pasos con tacones a través del pasillo, hasta que llegan al recibidor, percibo como miran por la mirilla y entonces abren la puerta. Era una mujer dce unos 50 años de muy buen ver, rubia, de ojos verdes, parecía que iba a salir a algún lugar , estaba colocándose los pendientes. A primera vista me parecía una madurita muy interesante. Tenía curvas sexys y llevaba puesta esas medias tan sesys de seññora madura pero sexy a la vez.

Me arranque a soltar la parrafada pertinente esperando a que la señora, poco dispuesta a escucharme, me dejase pasar para hablarle de las ventajas que podía obtener por contratar nuestro seguro. me dijo que no lo interesaba, que no disponía de mucho tiempo. Yo amablemente insisto en que sólo van a ser unos minutos, ella vuelve a rechazar la propuesta mientras se coloca un pendiente y muy amablemente me da las gracias y se despide cerrando la puerta.

Instintivamente, no me pregunteis por qué, puse la mano para impedir que cerrase la puerta, empujé para dentro y la empujé contra la pared del recibidor para abalanzarme sobre ella y a meterla mano. No se dejaba, comenzó a chillar, cerré la puerta, no creía lo que estaba haciendo, me había convertido en un violador. No podía parar, necesitaba follarme a esa señora, sin importarme las consecuencias, sabía que pagaría por ello, pero al menos disfrutaría. Así de cruel es el ser humano. De repente caí en que podía no estar sola, le tapé la boca y se lo pregunté, asintió que estaba sola y me suplico que no le hiciese nada. Demasiado tarde , mi otra mano subía bruscamente la falda para ponersela en la cintura. Llevaba esos pantis tan sexys que tanto me gustaban, se los rompí y me comí sus piernas para acabar metiendo la lengua en su coño mientras ella suplicaba que parase, yo solo le dije que quería follarla, que no le iba a hacer daño.

Ella estaba de pie apoyada en la pared del recibidor  con las piernas separadas  mientras yo de rodillas le lamía el coño. Mis manos sujetaban sus muñecas para impedir que me golpease. A medida que iba adentrándome en sus profundidades, notaba como empezaba a estar más jugosito, y la resistencia por su parte empezaba aminorar, seguía reacía, pero no se si por agotamniento o por cansancio comenzó a dejarse llevar.

Yo estaba muy empalmado y no puede resistir la tentación de meterle la polla por el coño, así hice, me suplicó que no lo hicies, pero era demasiado tarde, me la llevé al sofa del salón para abrirla de patas y follarla bien duro. Para no gustarle lo que estaba ocurriendo no veas como mojaba la mujer. no la habían follado así en la vida. cada vez estaba más suelta, tanto, que me percaté que relajó los brazos y me abrazó hasta deslizar sus manos hacia mi culo para apretarmelo bien. Eso hizo excitarme mucha más aún, que no pude esperar más y no se me ocurrió otra cosa que correrme sobre su cara. Ella aprtaba la cara, pero le impedí que se aprtase de mi corrida.

Le pregunté donde tenía servilletas para ayudarle a limpiarla, se incorporó y se levantó llorando mientras se limpiaba con los pañuelos que le había dado. Le pedí disculpas, que entendía que llamase a la policía, m,e excusé que no sabía qlo que me había pasado, le deje que me sentí muy atraisdo por ella. nunca antes había hecho algo así, estaba muy arrepentido. Lo más sorprendente para mí, es que en verdad, no lo estaba, había disfrutado de la experiencia enormemente. Pero lo que si era cierto, era que me sabía mal por ella.

Le pregunté que es lo que quería hacer, y ella medio llorando me dijo que quería olvidarlo, que se sentía extraña, me pidió que me fuese, yo le dije que necesitaba saber que es lo que iba a hacer.Pasó el rato y parecía psarsele el enfado, o por lo menos las ganas de que me fuera. Le dije que podía verlo como una relación con un desconocido. Le pregunté si había disfrutrado y llegó a confesarme que alguna vez había deseado que le ocurriese algo parecido, que incluso con su marido habían recreado algo parecido, pero la realidad supera la ficción.

Volví a pedirle disculpas por lo ocurrido y le comenté que aceptaba cualquiera que fuese su decisión.Inconscientemente, estándo a su lado, me acerqué para besarla en la boca, ella se dejó llevar esta vez, comenzamos de nuevo a besarnos apasionadamente y ella desatada se ecaramó a mi polla para cabalgarme en el sofá. Era era yo el que no daba crédito a lo que estaba ocurriendo. Había destapado la caja de pandora, estaba destada, no podía aguantar más y me corrí dentro de ella. sin duda, fue uno de los polvos más intensos que he echado nunca. Nos quedamos un rato charlando y a continuación, le acompañé a la ducha y nos pusimos de nuevo al tema, esta vez, empezóella de nuevo a comerme la polla y luego ypo me enredé entre sus piernas para follarla contra la pared una y otra vez.

Quedamos como amigos, no vendí ningún seguro esa tarde, pero pasé una tarde de mi vida horneando pan como diría un colega mío. No necesité irme de putas en valencia, ni entrar en putas valencia en busca de una de las escorts en valencia más sexys. Sólo valió la seguridad en mi mismo, sabía que la mujer estaba deseando follarme, sólo necesitaba un último empujón. Estaba falta de cariño y de sexo y yo llegué en el momento oportuno.

este acontecimiento agridulce, cambió mi vida, fue un punto de inflexión, empecé a confiar en mi mismno y comenzaron a salir las cosas mejor y mejor. Se que me porté como un cretino, pero la mujer no quiso denunciarme, al contrario, de vez en cuando creamos para recrear lo ocurrido una y otra vez. se trata de ver las necesidades de la gente, ni más ni menos.

 

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